Características de una relación piadosa

Acerca de las mentiras feministas más corrientes

2015.04.21 10:34 deckard36 Acerca de las mentiras feministas más corrientes

El movimiento feminista tal como hoy lo conocemos es básicamente un “fraude”. El actual discurso feminista es un cúmulo de falsedades, de insensateces, e incluso habría que hablar simple y llanamente de charlatanería, como en el caso de la astrología u otras seudociencias. Por supuesto, a cualquier candidata a “feminista” que se le ocurra hacer objeciones a la ortodoxia, se le acabará colgando el sambenito de enemiga de la causa de las mujeres, de misógina, cómplice del patriarcado, etc. y será vergonzosamente excomulgada de la “nueva religión del siglo XXI”, como le ocurrió a Christina Hoff Sommers, Camille Paglia, o Elizabeth Loftus en Norteamérica y a Empar Pineda o María Sanahuja en España…
Los “grupos feministas” suelen afirmar –como un dogma de fe- que las mujeres están “sojuzgadas, oprimidas, marginadas, etc.”, que hay una verdadera conspiración de lo que llaman “clases hegemónicas del patriarcado masculino, heterosexual e imperialista” contra ellas. E incluso, también afirman que las mujeres no tienen apenas acceso a las instituciones, que no se les permite tener capacidad de decisión, que no se las respeta, etc. Pero, ¿Todo ello es realmente cierto? La consigna feminista de que la “mujer española, europea, occidental” es una “víctima” impotente es una idea absolutamente absurda, que se ha ido imponiendo con machaconería, acabando por instalarse como un axioma que nadie se atreve a cuestionar… Por poner un ejemplo: Las mujeres españolas viven, en general siete años más que los hombres. Controlan de “facto” más del 80% de las rentas familiares y son ya más del 55% en la universidad. Las mujeres tienen alrededor del 55% de los votos en cualquiera del las elecciones que se convocan en España, motivo por el cual difícilmente pueden las feministas afirmar que están siendo dejadas de lado en el proceso de toma de decisiones políticas…
Las mujeres tienen a priori ganado, de manera sistemática cualquier contencioso referido a custodias de menores tras el divorcio.
Las muertes ocurridas por accidentes laborales afectan escasamente a las mujeres (un 6% únicamente, el otro 94% es cosa de hombres)
Sólo en el 35% de los crímenes violentos las víctimas son mujeres; pese a ello, el Parlamento ha legislado una normativa especial para castigar “la violencia contra las mujeres” como si ésta fuera un crimen más horrendo que el de “la violencia contra los hombres”. (Este es un ejemplo de lo que la “igualdad” significa para el fundamentalismo feminista, esto en castellano se denomina trato de favor…)
Dos de cada tres euros que el Sistema Nacional de Salud gasta, van destinados a las mujeres; e incluso, sin tener en cuenta los cuidados relacionados con la maternidad, las mujeres reciben más atenciones que los hombres. A pesar de ello las feministas siguen gritando que la salud de las mujeres está “descuidada”…
De los 25 empleos peor considerados, teniendo en cuenta factores como salario, stress, seguridad y esfuerzo físico, 24 de ellos son predominantemente, si no son casi en su totalidad, masculinos. Evidentemente esto explica por qué los varones suelen ser más propensos a suicidarse (80%)
Si tal como repiten hasta el hartazgo las feministas (que los hombres han planeado todo, de manera egoísta, para que el mundo en que vivimos sólo sea maravilloso para ellos, obviando totalmente las necesidades y los intereses de las mujeres) ¿tendría algo de verdad todo aquello de lo que hablábamos al principio? Por supuesto que no. Si se observa con las gafas apropiadas la realidad tal cual es, y no la caricatura, la imagen distorsionada que nos presenta el fundamentalismo feminista, y todos aquellos a quienes han acabado manipulando, lograremos ver una situación completamente diferente. Las mujeres españolas, occidentales constituyen el grupo social con mayores privilegios de la historia de la humanidad, ostentando (o ¿tal vez detentando?) una capacidad de influencia, un grado de poder, de bienestar, y salud nunca antes conocidos,…
Platón en su libro “La República“, firma que, para crear una Utopía eficaz, es necesario que ésta esté dotada de censura y de engaño, requisitos imprescindibles para obtener la virtud pública. Esto es lo que en castellano se llaman mentiras piadosas, la “Mentira Noble” de Platón.
El “Movimiento Feminista Políticamente Correcto” ha adoptado como estrategia, pasando casi desapercibida, la “Mentira Noble” para conseguir sus objetivos. El feminismo utiliza la censura, mientras mantiene un aura de rectitud moral, “ética” en la que subyace un profundo cinismo y que reina en el mundo académico y el gobierno, sin apenas disidencia-contestación.
Todo lo que el “academicismo feminista” enseña es realmente peculiar: Enseña una nueva versión de la Historia, diferente y repensada con respecto a la que se venía enseñando hasta ahora… El feminismo tiene una visión de la Ciencia que sólo asume de forma selectiva lo que le interesa de lo que se enseña en los departamentos de ciencia y, paradójicamente, con un enfoque no liberal de la moralidad, en la que una acción es correcta dependiendo de quién la realice. La visión del mundo creada por el feminismo contemporáneo tiene mucho en común con la de un ilusionista, que crea un escenario impresionante, que sólo es perceptible desde una determinado ángulo, y siempre y cuando todos los intentos de un estudio crítico sean abortados. Para más INRI, los hombres han ido interiorizando que es un gran pecado, una barbaridad, “atacar a las mujeres”, incluso si esas mismas mujeres adoptan un discurso disparatado y delirante en su afán de atacar de forma virulenta a los hombres. Ni que decir tiene que el mayor fraude de esta “ideología”, es asumir que la agenda propuesta por las feministas, se realiza en verdad para beneficio de las mujeres. Si el feminismo fuera sinceramente liberador, promovería relaciones armoniosas entre ambos sexos y fortalecería la familia; sin embargo, la agenda feminista, al hacer lo contrario, perjudica a la mayoría de las mujeres, y por descontado a los hombres. Como resultado de una eficaz propaganda (todo hay que decirlo) divulgando falsedades y medias verdades, la gente de buena voluntad, la gente “educada” ha ido aceptando todo el discurso demencial del feminismo sin hacer apenas cuestionamientos…
Las feministas no se privan de hablar con frecuencia, de que los últimos miles de años son el período del “ascenso del patriarcado”, un enunciado con el que tratan de imponer la idea de que en otros tiempos “mejores” las cosas fueron diferentes. Incluso hay quienes sostienen que durante el Neolítico Europa disfrutó de una sociedad pacífica e igualitaria, con igualdad de géneros-sexos pero centrada en la mujer, antes de la invasión de las brutales hordas patriarcalistas Indo-europeas, hace más de cuatro mil años…
Obsérvese que en esta nueva versión del Génesis Bíblico, la raza humana ha sido expulsada del paraíso debido –solamente- a los pecados del hombre, no los de la mujer. Téngase en cuenta que en la fábula feminista, únicamente los varones son los responsables de lo negativo, mientras que las mujeres representan todo lo positivo. Este planteamiento está presente una y otra vez en toda la doctrina feminista, dando a entender sin tapujos, que la mujer es superior moralmente al hombre…
Estas son algunas de las mentiras que se enseñan a los estudiantes hoy día, en nombre del feminismo. La terca realidad es que la totalidad de la historia de la humanidad, es un continuo sin interrupción del llamado “patriarcado”, tal vez llegando incluso hasta nuestros primeros ancestros primates. En las sociedades humanas, sin excepción (aunque no guste a las feministas) el liderazgo está asociado al varón, y el cuidado y crianza de los niños a la mujer.
Quienes sostienen que la “socialización” guarda relación con los roles sexuales son incapaces de explicar por qué la socialización avanza siempre en una dirección uniforme, cuando – de acuerdo con sus premisas – debiera ser de forma aleatoria, dando como resultado unas veces matriarcados y otras patriarcados. ¿Por qué todas las sociedades, sin excepción, educan a los hombres para el liderazgo y a las mujeres para las tareas domésticas? ¿Por qué no al revés? La aplicación de la perspectiva de “género” de forma estricta acaba inevitablemente en una regresión infinita, y termina postulando una ‘causa sin causa’: se dice que el dominio masculino que observamos en todas las sociedades es causado por la “socialización”, aún cuando la socialización (que siempre origina el liderazgo masculino) en si misma no tiene causa, y de alguna forma “siempre fue así”.
Como dice Steven Goldberg las teorías feministas “cometen el error de tratar al ambiente social como una variable independiente, no logrando explicar por qué el ambiente social siempre se acomoda a los límites fijados por, y siguiendo una dirección acorde con, lo fisiológico” (es decir, el ambiente nunca actúa como contrapeso suficiente para permitir que una sociedad evite el dominio masculino de las jerarquías)”. Dicho de otro modo, no es verdad, como las feministas dicen que las sociedades inventan roles sexuales arbitrarios. Muy al contrario, las sociedades poseen los pautas de conducta que la biología parece hacer inevitables y, en consecuencia, tratan de socializar-educar a los hombres y mujeres tomando como referencia roles que se espera que ellos serán capaces de cumplir. Se ha demostrado sobradamente que las hormonas masculinas y femeninas, invariablemente, crean características profundas que alteran el estado de ánimo. Sin embargo, las feministas atribuyen la conducta de los hombres a la “socialización”. La razón por la que las teorías feministas intentan forzarnos a ignorar el rol fundamental de las hormonas masculinas y femeninas (como determinantes de la conducta) es que inevitablemente tendrían que reconocer que los roles sexuales no solamente no son arbitrarios, sino que de hecho son permanentes (salvo una intervención quirúrgica radical).
Las feministas contemporáneas “Políticamente Correctas”, así como los marxistas, se sienten obligados a postular una explicación puramente ambientalista para todas las diferencias de tipo sexual, ya que una vez que las diferencias biológicas son admitidas como factores relevantes, la presunción de que las mujeres son “víctimas de la discriminación” no puede ser apoyada. Entonces, las feministas estarían obligadas a separar los efectos de la llamada “discriminación” de aquéllos producidos por la biología, una tarea a todas luces imposible. Por consiguiente, según la perspectiva de género es imprescindible afirmar a manera de dogma de fe, que las diferencias biológicas varón/mujer no tienen consecuencias posibles que sean observables.
Como afirma el biólogo Garrett Hardin “…suponer que la conducta humana no está influida por la herencia, es decir, que el hombre no es parte de la naturaleza. La premisa darwiniana es que sí lo es; los Darwinianos insisten que el peso de las prueba recae en aquéllos que afirman lo contrario”. El filósofo Michael Levin describe la teoría feminista como una forma de “Creacionismo”, una negativa a aplicar la teoría de la evolución a los humanos.
Cambiando de tópico y dogma: Si fuera realmente cierto que las mujeres estuvieron recibiendo 59 céntimos de euro por cada euro que el hombre gana, por realizar el mismo trabajo y con el mismo nivel de habilidades, entonces posiblemente ningún negocio sería rentable ni productivo si emplearan a algún hombre. En este asunto ninguna explicación será admitida por las feministas contemporáneas a menos que presente a los hombres como explotadores y a las mujeres como víctimas. Para justificar el uso de la “teoría de la conspiración”, las feministas deben sostener que, o bien no existen diferencias genuinas, innatas, en las capacidades, actitudes y habilidades, entre hombres y mujeres, o bien que tales diferencias pueden existir, pero no tienen un efecto observable, en absoluto. Tan pronto como se admiten dichas diferencias como un importante factor que está influyendo en la elección de carreras y de actividades laborales, el argumento de la supuesta “discriminación” omnipresente se desvanece.
Si nos trasladamos a la práctica deportiva, en las diversas modalidades donde existen registros de las marcas masculinas y femeninas, los hombres superan, de forma significativa, a las mujeres. Esas diferencias no son un truco; lo corriente es que los atletas varones que ya comienzan a destacar cuando son estudiantes de secundaria igualen los records de las mujeres adultas que poseen marcas mundiales en su especialidad deportiva. A las feministas no les queda otro remedio que admitir, aunque sea a regañadientes que al menos en el ámbito deportivo la diferencia entre hombres y mujeres es debido a factores innatos, y no consecuencia del entorno, del condicionamiento social. Ningún “adoctrinamiento de género intensivo” acabará transformando a una mujer en un defensa respetable de la Liga Nacional de Fútbol.
Como es lógico, todo esto sitúa a las “organizaciones de mujeres” en la curiosa posición de sostener que los factores innatos sí cuentan para explicar las profundas diferencias en el rendimiento de hombres y mujeres en la práctica deportiva y el ejercicio físico en general, pero no están presentes en ningún ámbito más… Indudablemente cuando las feministas acaban admitiendo la tozuda realidad de que existen cualidades-potencialidades diferenciadas debido al sexo, se ven obligadas a admitir que el mayor rendimiento de los hombres en los trabajos agotadores es debido a factores innatos, y no a la “discriminación” o a la “socialización”. No cabe duda alguna de que es una cuestión ideológica y no de lógica, la que mueve la hipótesis de la absoluta intercambiabilidad varón/mujer (cuando se vean necesitadas de ello, las feministas acabarán negando la intercambiabilidad, pese a que como norma defiendan vigorosamente todo lo que se deduzca de ella). El feminismo contemporáneo “Políticamente Correcto”, haciendo hincapié en los “derechos de los grupos” y las ofensas al grupo, nada tiene de liberal, es profundamente reaccionario, y por supuesto representa una ruptura radical con la larga tradición humanista que enfatiza los derechos individuales, la igualdad de oportunidades, la promoción social teniendo en cuenta la capacidad, la destreza, el mérito… Más aún: el movimiento feminista ataca constantemente a la libertad de expresión, siempre que sea usada de manera que los “grupos de mujeres” consideren la consideren contraria a sus intereses. Esta perversa ideología pretende reemplazar la idea liberal de “igualdad ante la ley” por el siniestro “algunos somos más iguales que otros”, premiando a las mujeres con derechos y protecciones especiales que les son negados a los hombres.
https://soberaniaoccidental.wordpress.com/2014/11/19/refutando-las-mentiras-feministas-mas-comunes-y-el-seudo-academicismo/
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